¿Cómo arreglar una gotera?
A raíz de lo ocurrido estos días atrás en mi ciudad, en mi barrio concretamente, hablábamos mis amigos y yo.
Siempre que ocurren desgracias humanas como estas, hay quienes sostienen que a los agresores (o asesinos, como en este caso; no quiero quitarles mérito) se les deberían aplicar soluciones iguales o peores. Encarcelamiento inmediato y olvido para la posteridad.
En el asesinato del viernes se habla de la posible implicación de bandas latinas. Algunos sugieren la creación de algo parecido al CECOT. Incluso hay quien alaba la labor en dicho centro, comparando la cárcel española con un hotel de cinco estrellas.
Desde mi visceralidad, la misma que la de quien insinúa tales albardadas, me sale decir que, si consideran la cárcel como un resort de lujo, deberían probar a ingresar. Al parecer estás mejor allí que en tu casa. Prueba, valiente.
Pero, siendo un poco más racional, piensas sobre el sistema.
El punitivismo no es más que una reacción a un suceso. No evita el problema. De igual manera que la policía no evita los delitos, solo reacciona ante ellos. Es el Estado dejando claro que son ellos, y nadie más, quienes tienen el monopolio de la violencia.
La cárcel no es una solución, ni a corto ni a largo plazo. Privando de libertad se evita la comisión de otro delito durante el tiempo que se está allí, pero a costa de un gasto para el Estado. Un gran gasto, por cierto.
Y digo gasto, no inversión. Porque el objetivo que allí se busca es, supuestamente, que el individuo regrese a la sociedad, sociedad de la que se le aparta. ¿Cómo se pretende hacer regresar a un individuo a una sociedad desde fuera de ella? Si fuera una inversión de verdad, se esperaría un retorno del gasto. Se esperaría que, mediante el dinero que se invierte, se consiguiera un beneficio.
Coincido con ellos en que creo que, en el tema de las bandas latinas, se están poniendo pocos medios.
En lo que no coincido es en dónde: para que no se cometan los delitos hay que entender por qué. Y, una vez que entendamos por qué, podremos prevenirlo. Creo que, en el fondo, podemos resumirlo todo en asegurar el bienestar del ciudadano.
Un ciudadano extranjero que siente que la sociedad lo apoya, con una buena educación, con un futuro y con unos servicios sociales fuertes, no tiene necesidad de verse arropado por una banda.
Un ciudadano que tiene una educación, una buena medicina y unos servicios psicológicos públicos de calidad no necesita recurrir a la droga. Ni a traficar ni a consumir, robando para poder conseguir más.
Una ciudadana con acceso a servicios sociales y a psicología pública puede escapar de su marido maltratador. Quizá ese marido maltratador no hubiera sido tal de haber contado también con esos recursos, además de haber podido acceder a una mejor educación.
Alguien con problemas psicológicos o psiquiátricos, debidamente atendido por unos servicios públicos adecuados, no debería suponer un riesgo.
Existen problemas estructurales que hay que atajar, en especial la pobreza. Alguien que tiene para sobrevivir y estar cómodo no tiene por qué recurrir a la delincuencia.
Un tejido empresarial y laboral sin explotación, con ayudas a los desfavorecidos, no estaría mal.
También es verdad que analizar y atacar esto requiere mucho esfuerzo, especialmente intelectual, un poquito de empatía y bastante dinero.
Pero supongo que moler a palos, aislar y dejar que se pudran fuera de la sociedad a muchos les parece mejor opción. Si no fuera porque el mismo problema que entró saldrá. Y puede que mucho peor. Porque no sé, ¿qué puede salir mal de reunir a lo peor de cada casa en el mismo punto durante años, guardándole rencor a la sociedad que un día les apartó? Supongo que sus familias y amigos, durante ese tiempo, también estarán bastante contentos.
No sé, llámame loco, pero prefiero que no se mate a nadie a responder cuando alguien lo hace.
Me enfada muchísimo que ahora nos planteemos qué hacer y no por qué ha ocurrido.
Poner cubos debajo de la gotera en vez de arreglar el tejado.
—-
Policías, cárceles y funcionarios de las mismas. Armamento. Jueces. Otro día hablamos del negocio que tiene montado el Estado alrededor de la delincuencia. O, como decíamos antes, su monopolio de la violencia.